Leía hoy una entrada muy interesante en el blog de Alcalá que reflexionaba en torno a la fotografía (él se siente mucho mas cómodo con el término electrografía) y la mirada en la era digital, y paralelamente pensaba en mis series de autoretratos y piezas de vídeo...
Puede decirse que en realidad la temática para mis trabajos no ha cambiado sustancialmente, pues sigo explorando diferentes caminos expresivos a través de mi cuerpo como modelo y de mi propia mirada como creadora. La cuestión mas interesante es sin duda alguna, pensar en el espectador que obserba lo que haces, que es quien termina de construir la historia de lo que ha pasado en la fotografía o en el vídeo.
Ayer mismo buscaba diferencias sustanciales entre mi propia obra y la de Cindy Sherman, salvando las distancias generacionales claro, y me di cuenta de que hoy día el reto para la creación a través de la propia imagen (o de la imágen autoprovocada) consiste emitir mensajes plurales que sacudan conciencias pulcramente estabilizadas en torno a lo que se puede o no ver, a lo que es estrictamente real o no, a lo que puede y no puede ser.
En definitiva, lo que la imagen digital permite a los creadores es jugar al equívoco de una manera mucho mas accesible en cuanto a las herramientas y los lenguajes, pero es un arma de doble filo, pues el espectador ya tiene cierta desconfianza ante lo que está mirando.
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I have read today a very interesting entry on Alcala's blog who reflected on the photograph (He feels much more comfortable with the term electrographic image) and the seeing in the digital Era, parallel I thought in my series of self-portraits and video pieces ...
You can actually say my artwork theme has not changed substantially, because I still exploring different ways of expression through my body as a model and my own eyes as creator. The more interesting question is to think in the viewer who pays attention to what you do and who ends up building the story of what happened in the photograph or in the video.
Just yesterday I was looking for substantial differences between my own work and Cindy Sherman, avoiding the generational gap, and I realized that the challenge today for the creation through self-image (self-inflicted images) is to send plural messages to shake consciences neatly stabilized about what can and can not see, what is strictly true or not, what can and can not be.
In short, the digital image allows creators to play with mistakes in much more accessible in terms of tools and languages, but it's a double edged sword, because the viewer already has a certain distrust of what is watching.


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